sábado, 6 de agosto de 2011

Frente al espejo

A veces quisiera cambiar,
pero no cambiarme 
el pelo, la cara, la ropa.
Sino cambiar la forma de pensar,
de hablar, de ser,
de ver las cosas,
de actuar delante de las situaciones.

Cambiar la familia, los amigos, el trabajo.
Los colores y los sabores.
Cambiar solamente por...
¡cambiar!
Ser un poco menos loca,
algo más decente.
Cambiarme la manera de hablar,
de andar, de mirar.

Pero cuando por fin 
me he cambiado toda,
miro al espejo
y veo que no soy yo.
¿Y en dónde estoy?
No sé...
Tal vez escondida en algún lugar
dónde tú no me puedas encontrar.

No trates de entenderme.
A veces ni yo lo puedo lograr.
Yo apenas vivo
en un largo ensueño,
y no sé si podré despertar.

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